miércoles, 3 de mayo de 2017
LEYENDA DE CHENCHO FLORES
LEYENDA DE CHENCHO FLORES
La danza del tigre es un homenaje
que se le hace a Inocencio Flores
(Chencho flores) quien de muy joven llego a Mariangola en 1926 llegó procedente
del paso con su tío ahí es donde tiene su hogar y se convierte en el típico
hombre de campo; su afición de matar a los tigres cuando en el patio de su casa
un Tigre (Jaguar) mata un cerdo de raza que le había regalado su señora, esto
causa una gran indignación y ahí jura matar a todos los Tigres (jaguar) siempre Salía con su mochilón; un machete y
dos perros; viajaba a la finca vi jagual
a perseguir las huellas del Tigre(Jaguar).
Cuando él no hallaba huellas del
tigre comenzaba a roncar para que el
tigre le contestara llamando así su atención, cuando el tigre le contestara el echaba
los perros Tramojito y Guille, alistaba su escopeta o una rama para cubrirle
los ojos y machetear para matarlo. En un
ocasión chencho fue a matar el tigre con su escopeta y esta se atranco, el
tigre se le abalanzo tomo una rama y lo mato con su machete; ese tigre lo aruño
y él llegaba al pueblo mostrando muy orgulloso la marca que le había dejado el
tigre, como trofeo se llevaba la cola o el cuero del animal. Se dice que chencho mato alrededor de 18
tigres. De esta historia nace la danza del tigre.
JOSÉ ATUESTA MINDIOLA
Foto: portal vallenato
JOSÉ ATUESTA MINDIOLA: La madre de José Atuesta Mindiola llegó a Mariangola cuando el pueblo sólo contaba con una veintena de casas. Hacía un calor inmenso y, poco tiempo después, nacía él. La noticia se extendió rápidamente. Todos querían conocer al hijo de una madre carismática que se dedicaba a la docencia, fundó una iglesia y organizó, incluso, la primera procesión.
Su padre era un poeta aficionado.
Un trabajador que leía a menudo, y se interesaba por la medicina. Una figura
importante dentro de esos recuerdos que hacen de Mariangola una tierra de
afecto.
Allí,
José Atuesta estuvo hasta la primaria, continuó en el Bachillerato y, luego,
decidió irse a la capital para estudiar bioquímica. En 1977, le nombraron
rector del Colegio Rodolfo Castro en Mariangola.
Ese
retorno a la tierra natal le permitió volver a sentir el calor de la familia,
la cercanía de las amistades y el apego a esos recuerdos imborrables. Ese
entorno le incitó a lanzarse en muchas iniciativas: formó un club deportivo,
organizó “La danza del tigre” y llegó incluso a publicar en 1982 el primer
libro de poemas de Valledupar: “A los ojos de todos”. Un libro que nace de un
reencuentro con la infancia.
Cuando
le preguntamos por qué motivo no se había escrito nada en Valledupar antes de
su libro nos responde que quizás sea por la influencia de la oralidad. Luego,
nos da otra explicación: el miedo a publicar, y nos aporta el ejemplo de un
amigo poeta muy exigente consigo mismo que se pasa el tiempo corrigiendo y
nunca pública.
Ocho
años estuvo José Atuesta Mindiola en Mariangola, impartiendo clases de biología
antes de trasladarse a Valledupar. “La biología y la poesía son hermanas”, nos
explica. Ambas representan la vida. Ambas nacen de la contemplación.
En
el 91 publica “Dulce Arena del Musengue”. Ese libro marca un reencuentro con
los amigos escritores y el mundo de la poesía en general. La palabra “Musengue”
–una pala que uno usa para espantar a los mosquitos– le llamó la atención y,
finalmente, acabó siendo parte del título.
Sus
temáticas suelen ser de tipo social, cultural o identitario. Hablan de la
Tierra, de la naturaleza, los familiares y los amigos. Mezclan lo cercano, lo
diario, con cuestiones más abstractas.
En
1996, el fondo mixto de cultura le publica el libro de poemas “Estación de los
cuerpos”. Un libro que abre una etapa más madura en su estilo y en el lenguaje.
Además, José Atuesta reconoce que en esa época la poesía ganó presencia a
través del programa de humanidades de la Universidad Popular del Cesar, pero
también de la actividad departamental del Banco de la República.
En
2003 gana el premio nacional Casa de Poesía Silva y al año siguiente publica el
libro de poemas “Valledupar desde la otra orilla”. Una obra que ofrece una
mirada distinta de la ciudad, más antropológica.
Tras
publicar “Décimas Vallenatas” en el año 2006 y “La décima es como el río” en el
2008, José Atuesta viaja a Cuba en un viaje organizado por la Fundación de
Reyes y Juglares. El viaje le impacta especialmente por la situación política
que atraviesa la isla pero también por la falta de conocimiento que existe
entre un pueblo y otro.
En
los últimos años, José Atuesta vuelve a la poesía libre con “Metáforas de los
árboles”. Una obra maravillosa que alterna poemas rebeldes con otros más
reflexivos. La temática de la naturaleza se liga con otras denuncias del afán
de dinero y de poder. “En el fondo, el arte siempre es una protesta”, nos
explica el autor.
En
su última publicación, “Sonetos Vallenatos” (2011), José Atuesta describe la
violencia reciente perpetrada por los grupos armados y se muestra cercano de la
actualidad de su región.
De
momento, el poeta no contempla publicar nada. Anda muy ocupado con los
preparativos del Foro sobre Calixto Ochoa el 23 de abril. La organización del
evento implica muchos esfuerzos pero él se muestra muy entusiasta: “Conozco muy
bien a Calixto ––afirma––. ¡Fui su vecino!”.
Otros como: Dima Duran, Carlos Wilson Lizarazo,
Guillermo Duran
COMPOSITORES
COMPOSITORES
Foto: portal vallenato
Ovidio Granados: Oriundo de Mariangola, Ovidio Granados Durán se
trasladó a Valledupar hace más de 40 años, conociendo ya la técnica para
arreglar acordeones y reconocido por su oficio.
Actualmente,
Ovidio Granados, más conocido como el ‘Viejo Villo’ aún se desempeña como
técnico y constructor de acordeones, “aquí me llega toda clase de acordeón,
desde los más reconocidos hasta los que no son tan reconocidos”, dijo a EL
PILÓN el arreglista. Su ocupación la aprendió y la empezó a ejercer en la
tierra que lo vio nacer. Él recuerda que Ismael Rudas, un hombre que vivía en
Caracolicito, Cesar, fue a quien le simuló los conocimientos. “Yo iba hasta
allá a arreglar los acordeones y me sentaba a ver cómo arreglaba los acordeones
y aprendí así, viendo”.
Y como esta actividad se aprende
‘echando a perder’ uno que otro acordeón, el ‘Viejo Villo’ cuenta que “el
primer acordeón que cogí para arreglarlo lo eché a perder y mi papá me iba a
pegar por eso. Y eso que era mío. Entonces con el fajón escondido se me
acercó”, recordó. El instrumento se lo regaló Martiniano Melo, hermano de
Isabel Melo, su abuela.
Así,
fueron pasando los años y perfeccionando la técnica. El alumno, ‘Villo’, superó
al maestro Rudas. La música acompañó al ‘Viejo Villo’ desde su juventud, tiempo
en el que fundó la afamada agrupación de ‘Los Playoneros del Cesar’, junto a
Wicho Sánchez, Miguel Yaneth, los hermanos Calderón, Rodolfo y Cirino Castilla.
La popular canción de Diomedes
Díaz, ‘Diana’ fue grabada con las exquisitas
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notas
de su acordeón. Aunque nunca estuvo con un conjunto musical así como Juan José,
su hijo, confiesa que si le hubiera gustado ser acordeonero profesional, pero
yo era muy tímido.
Entre otros compositores están: Marcos Jiménez, Guillermo Duran, kiles Castillo, Robinson Ariza (locutor del pueblo).
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